Ya había tenido algunos altercados con la soledad, pero seguía siendo tan seductora, que mi intelecto se retaba las veces que la escogí.. desde entonces resultó más divertido que alternar encuentros, ojalá furtivos...
Pero de mis regulares desvíos de la razón no hablaremos ésta vez. no de una manera tan subjetiva.
Me encaramé sobre el muro para poder ver mejor. como si con ese salto intrépido se despejaran las quimeras que nublaban mi entendimiento.
Al encaramarme, las manos se me llenaron de una masa pegajosa que seguramente el calor había conservado. y el esfuerzo físico me representaba un ansia de beber tenaz. aumentada por la jodida resaca que ya era costumbre de cada día.
Me sorprendí al darme cuenta de que la curiosidad seguía provocando en mí anhelos profundos, como creía olvidados. y aún más me llenaba de energía saber que al fin descubriría lo que estaba al otro lado de sus ojos.
Cerré mis párpados, empuñé mis manos, y sin dudarlo dos veces, Me lancé, Quizá unos 4 metros. lo suficiente para que mi espalda y rodilla tronaran y el dolor amortiguara. sin poder gritar, al fin descubrí ese rastro de pasos tan finos y delicados. que rápidamente relacioné con tu delgado pie.
Me costó mucho ponerme de pié, sobretodo por que el calor, que melcochaba mis axilas, escarbaba en mí una sensación intensa de fastidio... Pero simplemente la motivación lasciva de cada una de tus curvas me mantenía vigente en mi misión.
Traté de liberar tensión, tomando un aire profundo. pero enseguida me detuve por la condición pestilente del ambiente. resolví entonces respirar solo por la boca, y de vez en cuándo inhalar por la nariz, para comprobar la ausencia de dicha peste. Pero nunca desapareció. al contrario, seguía haciéndose más fuerte.
Cada vez me costaba más seguir tus huellas. se perdían en formas y contornos que engañaban a mi vista. Mis pies descalzos me permitían sentir el palpitar más fuerte que se sentía en el suelo. y entonces me dejé guiar pór la corazonada y seguir andando.
El sorpresivo estado de estática del ambiente, se vió interrumpido con la fuerza de un pensamiento más bien romántico que me traía mi mente. eras tú. llena de tul. con esa mirada seductora. con la eternidad en las manos. mi eternidad.
La fascinación con que dicho recuerdo o presagio me llenó, perturbó a mis sentidos hasta hacerme correr... como si el miedo causado, calibrase y acelerara cada uno de mis mecanismos de escape.
Entonces entendí. No iba en búsqueda tuya. Estaba huyendo, de tal vez el cruel destino de quienes se creen cotidianos. de tanta cursilería ingenieril.
Lleno de asco comprendí, que la felicidad que me transmitía el exhilio de, tanto perfume barato, de palabras dulces pero nada sinceras, de tanta credulidad a las vanalidades, brotaba en mí de manera tan fluída, que pronto carcajeé y mire al sol... Seguí corriendo ésta vez más rápido, impulsado muy seguramente por mi propia cuenta.
La calma es sólo ese estado de excitación que algunos necesitamos.
La calma que se confunde con caos. la calma que presagia desventuras, deliciosas desventuras....
Que hace que se desligue el alma de las cosas sin importancia.
No espero detenerme, no por ahora. Ésta es full recompensa
César Brausin
martes, 7 de mayo de 2013
domingo, 17 de marzo de 2013
Génesis
De nuevo sus ideas se funden con el papel, y la utopía se vuelve una realidad, al menos contada.
Desquebrajado. siguió teniendo la aspiración de resucitar en el próximo beso. Siquiera para que la condición de alma solitaria no se manifestara en por lo menos un momento, que por qué no, podría ser eterno. Entonces el recuerdo vino al encuentro y en pocos momentos una leve sonrisita le dejó ver los dientes.
Ojalá la poesía del alma se materializara de manera más fácil
Estaba cansado de hacerlo a punta de crímenes
Además que la costumbre de lavarse las manos ensangrentadas
Ya no pegaba tan duro y la sangre ya no combinaba con su abominable don.
Entonces, como un verdugo siniestro
redefinió su táctica e implacablemente maquinó
el título más macabro con que alguien podría infringir daño.
Se dedicaría de ahora en adelan te a enamorar.
No a ser un charlatán, ni mucho menos un amante clandestino
Utilizaría su fantástica convicción, enfrascada en la viscosidad de adentro de sus párpados
Que más parecían abismos.
Con el peso en la espalda de su conciencia remordida, se dedicó mucho tiempo para él y sus alocadas y a veces acaloradas conjeturas. se dedicó a hundirse en el recojimiento de sus principios. de hallar en el fondo de su memoria, esas alentadoras palabras que su madre emanaba para siempre dibujar en su rostro una irresponsable satisfacción.
Caray si funciona!.... después de tiempo su alma se volvió tan incorruptible e impermeable, que la confianza que inspiraba su presencia fluyó en cada una de las auras de las personas que conoció. cada encuentro se tornaba cada vez más agradable. sus acompañantes se sentían tan plácidos que desbarataban e inventaban planes para conseguir que él simplemente se quedara.
Nadie sospecharía. conseguiría saciar esa sed de venganza, pero una venganza tan perfecta de esas que apasionan y que llenan de vitalidad. Estaba empezando a forjar una serie de acontecimientos que lo llenarían de orgullo y que recordaría justo antes de la sentencia que el juzgado civil no 34 le otorgaría.
César Brausin Valles
(Ésta es apenas la primera entrega de, ojalá muchas)
Desquebrajado. siguió teniendo la aspiración de resucitar en el próximo beso. Siquiera para que la condición de alma solitaria no se manifestara en por lo menos un momento, que por qué no, podría ser eterno. Entonces el recuerdo vino al encuentro y en pocos momentos una leve sonrisita le dejó ver los dientes.
Ojalá la poesía del alma se materializara de manera más fácil
Estaba cansado de hacerlo a punta de crímenes
Además que la costumbre de lavarse las manos ensangrentadas
Ya no pegaba tan duro y la sangre ya no combinaba con su abominable don.
Entonces, como un verdugo siniestro
redefinió su táctica e implacablemente maquinó
el título más macabro con que alguien podría infringir daño.
Se dedicaría de ahora en adelan te a enamorar.
No a ser un charlatán, ni mucho menos un amante clandestino
Utilizaría su fantástica convicción, enfrascada en la viscosidad de adentro de sus párpados
Que más parecían abismos.
Con el peso en la espalda de su conciencia remordida, se dedicó mucho tiempo para él y sus alocadas y a veces acaloradas conjeturas. se dedicó a hundirse en el recojimiento de sus principios. de hallar en el fondo de su memoria, esas alentadoras palabras que su madre emanaba para siempre dibujar en su rostro una irresponsable satisfacción.
Caray si funciona!.... después de tiempo su alma se volvió tan incorruptible e impermeable, que la confianza que inspiraba su presencia fluyó en cada una de las auras de las personas que conoció. cada encuentro se tornaba cada vez más agradable. sus acompañantes se sentían tan plácidos que desbarataban e inventaban planes para conseguir que él simplemente se quedara.
Nadie sospecharía. conseguiría saciar esa sed de venganza, pero una venganza tan perfecta de esas que apasionan y que llenan de vitalidad. Estaba empezando a forjar una serie de acontecimientos que lo llenarían de orgullo y que recordaría justo antes de la sentencia que el juzgado civil no 34 le otorgaría.
César Brausin Valles
(Ésta es apenas la primera entrega de, ojalá muchas)
domingo, 27 de enero de 2013
3 pm. (Morfina II)
Jodidamente coincidencial, el tiempo, ese amuleto sagrado, ahora ya estaba tan medido que le hubiera sido fácil desarmar los intensos planes si desperdiciaba aunque sea un segundo en el agradable almíbar de la pereza, decidió que la cortina que protegía su retina ya no era tan pesada, que debía despertar.
-....Cerebro, cada vez más pútrido- alcanzó a mencionar antes que su pie izquierdo tocara la alfombra.
de esas pesadillas mortales había escapado en la madrugada, pero hoy su alma se sentía hinchada.
al dar el segundo paso y levantarse, un nauseabundo pero conocido sentimiento lo aturdió. se sacudió y se le pasó la maricada.
Caucho y microfibra, tela de jean desgastado y sucio de 4 días. Seis hojales. cuatro bolsillos, dos con sus vicios.-al menos uno era sano. Correa, debajo, el propósito del día. Camiseta rota. amarrarse unos desvencijados y poco atrayentes cordones. había comprado esos después de que le quitaron los rojos en un sitio peor al que se levantaba. bolsillo, hermética, la llave que va a las ñatas, un azote lleno de ira en el cachete, prisa, correr.
En el camino, el vacio de sus pensamientos se justificó en las miradas superficiales de la gente. aún no reaccionaba. aún no se vengaba. había corrido quizás 600 metros, cuándo un estornudo terminó en un líquido espeso, que rápidamente se convirtió en hemorragia. su cuerpo se limpiaba mientras que su conciencia se percudía.
-Cuántas veces hemos recurrido a esa parte del brazo justo antes de la mano, ahh, antebrazo, para deshacernos de infecciones y bacterias que nos atacan?...- decía esa presentadora de ese patético programa, pensó después de manchar el antebrazo... lo pasó brusco, y así su cara estubo presentable... quizás si sus suegros fueran carniceros.
Allá estaba, ella, lo curioso era que estaba dentro del camino y no fuera de la ruta como lo había previsto, pero al fin, la veía, radiante. luciendo su acostumbrada facha de altanera felicidad. de libertad consumada en las cenizas de sus amantes y luego oponentes. con esa sonrisa, la que hubiese querido como guardar imagen en un monóculo. como para contemplar la trampa con que lo habían cazado, pero que ahora apreciaba con desidia.
Notó que esa descarada carencia de alma en aquella. ahora no le significaba nada. que había esperado ese momento desde mucho antes de lidiar con los demonios, que como en una academia, lo habían adiestrado y hecho un hombre. si hombre es el apelativo para aquel al que el acero de sus venas cubre sus actos.
No pensó, para darse fuerzas recordó. como lanza, pegó el pique y peló el fierro que traía en la correa. se paró justo en el punto en que el nervio óptico puede alinearse con ese destellante iris.
Eran las tres de la tarde. pero para él quizá el tiempo se detubo, quizás para siempre.
Eran las tres de la tarde cuando el remington estalló.
Eran las tres de la tarde cuándo el disparo al viento y la mirada de ella se esfumó.
Eran las tres de la tarde cuándo asesinó su recuerdo.
César Brausin Valles
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