martes, 7 de mayo de 2013

Apoteosis

Ya había tenido algunos altercados con la soledad, pero seguía siendo tan seductora, que mi intelecto se retaba las veces que la escogí.. desde entonces resultó más divertido que alternar encuentros, ojalá furtivos... 
Pero de mis regulares desvíos de la razón no hablaremos ésta vez. no de una manera tan subjetiva.

Me encaramé sobre el muro para poder ver mejor. como si con ese salto intrépido se despejaran las quimeras que nublaban mi entendimiento.
Al encaramarme, las manos se me llenaron de una masa pegajosa que seguramente el calor había conservado. y el esfuerzo físico me representaba un ansia de beber tenaz. aumentada por la jodida resaca que ya era costumbre de cada día. 
Me sorprendí al darme cuenta de que la curiosidad seguía provocando en mí anhelos profundos, como creía olvidados. y aún más me llenaba de energía saber que al fin descubriría lo que estaba al otro lado de sus ojos.

Cerré mis párpados, empuñé mis manos, y sin dudarlo dos veces, Me lancé, Quizá unos 4 metros. lo suficiente para que mi espalda y rodilla tronaran y el dolor amortiguara. sin poder gritar, al fin descubrí ese rastro de pasos tan finos y delicados. que rápidamente relacioné con tu delgado pie.
Me costó mucho ponerme de pié, sobretodo por que el calor, que melcochaba mis axilas, escarbaba en mí una sensación intensa de fastidio... Pero simplemente la motivación lasciva de cada una de tus curvas me mantenía vigente en mi misión.
Traté de liberar tensión, tomando un aire profundo. pero enseguida me detuve por la condición pestilente del ambiente. resolví entonces respirar solo por la boca, y de vez en cuándo inhalar por la nariz, para comprobar la ausencia de dicha peste. Pero nunca desapareció. al contrario, seguía haciéndose más fuerte.

Cada vez me costaba más seguir tus huellas. se perdían en formas y contornos que engañaban a mi vista. Mis pies descalzos me permitían sentir el palpitar más fuerte que se sentía en el suelo. y entonces me dejé guiar pór la corazonada y seguir andando. 

El sorpresivo estado de estática del ambiente, se vió interrumpido con la fuerza de un pensamiento más bien romántico que me traía mi mente. eras tú. llena de tul. con esa mirada seductora. con la eternidad en las manos. mi eternidad. 
La fascinación con que dicho recuerdo o presagio me llenó, perturbó a mis sentidos hasta hacerme correr... como si el miedo causado, calibrase y acelerara cada uno de mis mecanismos de escape.

Entonces entendí. No iba en búsqueda tuya. Estaba huyendo, de tal vez el cruel destino de quienes se creen cotidianos. de tanta cursilería ingenieril. 
Lleno de asco comprendí, que la felicidad que me transmitía el exhilio de, tanto perfume barato, de palabras dulces pero nada sinceras, de tanta credulidad a las vanalidades, brotaba en mí de manera tan fluída, que pronto carcajeé y mire al sol... Seguí corriendo ésta vez más rápido, impulsado muy seguramente por mi propia cuenta.

La calma es sólo ese estado de excitación que algunos necesitamos.
La calma que se confunde con caos. la calma que presagia desventuras, deliciosas desventuras....
Que hace que se desligue el alma de las cosas sin importancia.

No espero detenerme, no por ahora. Ésta es full recompensa

César Brausin

domingo, 17 de marzo de 2013

Génesis

De nuevo sus ideas se funden con el papel, y la utopía se vuelve una realidad, al menos contada.
Desquebrajado. siguió teniendo la aspiración de resucitar en el próximo beso. Siquiera para que la condición de alma solitaria no se manifestara en por lo menos un momento, que por qué no, podría ser eterno. Entonces el recuerdo vino al encuentro y en pocos momentos una leve sonrisita le dejó ver los dientes. 

Ojalá la poesía del alma se materializara de manera más fácil
Estaba cansado de hacerlo a punta de crímenes
Además que la costumbre de lavarse las manos ensangrentadas 
Ya no pegaba tan duro y la sangre ya no combinaba con su abominable don.

Entonces, como un verdugo siniestro
redefinió su táctica e implacablemente maquinó
el título más macabro con que alguien podría infringir daño.
Se dedicaría de ahora en adelan te a enamorar.

No a ser un charlatán, ni mucho menos un amante clandestino
Utilizaría su fantástica convicción, enfrascada en la viscosidad de adentro de sus párpados
Que más parecían abismos. 

Con el peso en la espalda de su conciencia remordida, se dedicó mucho tiempo para él y sus alocadas y a veces acaloradas conjeturas. se dedicó a hundirse en el recojimiento de sus principios. de hallar en el fondo de su memoria, esas alentadoras palabras que su madre emanaba para siempre dibujar en su rostro una irresponsable satisfacción.

Caray si funciona!.... después de tiempo su alma se volvió tan incorruptible e impermeable, que la confianza que inspiraba su presencia fluyó en cada una de las auras de las personas que conoció. cada encuentro se tornaba cada vez más agradable. sus acompañantes se sentían tan plácidos que desbarataban e inventaban planes para conseguir que él simplemente se quedara.

Nadie sospecharía. conseguiría saciar esa sed de venganza, pero una venganza tan perfecta de esas que apasionan y que llenan de vitalidad. Estaba empezando a forjar una serie de acontecimientos que lo llenarían de orgullo y que recordaría justo antes de la sentencia que el juzgado civil no 34 le otorgaría.

César Brausin Valles

(Ésta es apenas la primera entrega de, ojalá muchas)

domingo, 27 de enero de 2013

3 pm. (Morfina II)


Jodidamente coincidencial, el tiempo, ese amuleto sagrado, ahora ya estaba tan medido que le hubiera sido fácil desarmar los intensos planes si desperdiciaba aunque sea un segundo en el agradable almíbar de la pereza, decidió que la cortina que protegía su retina ya no era tan pesada, que debía despertar. 

-....Cerebro, cada vez más pútrido- alcanzó a mencionar antes que su pie izquierdo tocara la alfombra.
de esas pesadillas mortales había escapado en la madrugada, pero hoy su alma se sentía hinchada.
al dar el segundo paso y levantarse, un nauseabundo pero conocido sentimiento lo aturdió. se sacudió y se le pasó la maricada.
Caucho y microfibra, tela de jean desgastado y sucio de 4 días. Seis hojales. cuatro bolsillos, dos con sus vicios.-al menos uno era sano. Correa, debajo, el propósito del día. Camiseta rota. amarrarse unos desvencijados y poco atrayentes cordones. había comprado esos después de que le quitaron los rojos en un sitio peor al que se levantaba. bolsillo, hermética, la llave que va a las ñatas, un azote lleno de ira en el cachete, prisa, correr.

En el camino, el vacio de sus pensamientos se justificó en las miradas superficiales de la gente. aún no reaccionaba. aún no se vengaba. había corrido quizás 600 metros, cuándo un estornudo terminó en  un líquido espeso, que rápidamente se convirtió en hemorragia. su cuerpo se limpiaba mientras que su conciencia se percudía. 

-Cuántas veces hemos recurrido a esa parte del brazo justo antes de la mano, ahh, antebrazo, para deshacernos  de infecciones y bacterias que nos atacan?...- decía esa presentadora de ese patético programa, pensó después de manchar el antebrazo... lo pasó brusco, y así su cara estubo presentable... quizás si sus suegros fueran carniceros.

Allá estaba, ella, lo curioso era que estaba dentro del camino y no fuera de la ruta como lo había previsto, pero al fin, la veía, radiante. luciendo su acostumbrada facha de altanera felicidad. de libertad consumada en las cenizas de sus amantes y luego oponentes. con esa sonrisa, la que hubiese querido como guardar imagen en un monóculo. como para contemplar la trampa con que lo habían cazado, pero que ahora apreciaba con desidia.

Notó que esa descarada carencia de alma en aquella. ahora no le significaba nada. que había esperado ese momento desde mucho antes de lidiar con los demonios, que como en una academia, lo habían adiestrado y hecho un hombre. si hombre es el apelativo para aquel al que el acero de sus venas cubre sus actos.

No pensó, para darse fuerzas recordó. como lanza, pegó el pique y peló el fierro que traía en la correa. se paró justo en el punto en que el nervio óptico puede alinearse con ese destellante iris.
Eran las tres de la tarde. pero para él quizá el tiempo se detubo, quizás para siempre.
Eran las tres de la tarde cuando el remington estalló.
Eran las tres de la tarde cuándo el disparo al viento y la mirada de ella se esfumó.
Eran las tres de la tarde cuándo asesinó su recuerdo. 

César Brausin Valles 

martes, 10 de julio de 2012

Contundencia.

Intenté fraccionar mi razonamiento, intenté que fluyera toda esa energía y que éste hueco en la mitad del pecho reaccionara de la mejor manera.
Entregué mis locas conclusiones, mi complicada mirada, mis caricias más sinceras. En vano fueron recibidas.
Como hacer para confiar en ése efímero sentimiento, que a ésta hora se comporta más bien repudiable.
Espero que sonreír ésta vez sea más sincero, que en mil partículas sensatas y de verdadero valor estalle ésta pútrida bodega de sensaciones llamada alma.
Es la hora de curarse definitivamente y no entregar mi mano para salir a bailar a nadie. a nadie en especial.
Me refugiaré en mis perversos pero esperanzadores planes, que ésta vez cuentan con una inspiración, aquella que nunca defraudará como ahora lo hace ésta dolorosa situación.
Pensaría en mil cosas más... pero no me malgastaré comunicándolas, a nadie le interesan, a nadie sinceramente.
Si algo me ha enseñado todo ésto,es a valorar ese potencial que poseo y que por más dulce que se torne el momento, adornado de besos en las terrazas de edificios, miradas seductoras frente al sol, palabras que prometen las más bonitas intenciones, no vociferar ninguna palabra de amor, mucho menos pregonarlas a tan alto volumen.

Bitácora de un alma decepcionada.

César Brausin Valles

domingo, 8 de julio de 2012

Ausencia

Descubrí las cosas que se esconden detrás de los sentimientos, esas cosas que suceden cuándo el cariño simplemente fluye y hace que lo que uno tal vez no cree profundamente, ocurran.
Desperté al fin de mi hermoso sueño, de aquel que sólo supo traer alegrías y que en este instante bonitos recuerdos. No puedo dejar de admitir que cerrar los ojos y ver esa cara sonriendo me llene de nostalgia y una lágrima derrape por el empinado sendero de mi mejilla.
Ésta vez aprendí que tener virtud, deja impávidas a las penas que agobian el alma desde hace tiempo. Mi vida no se caracteriza por tener en su bitácora malas decisiones, simplemente es el momento y tal vez el tiempo admita que éste es probablemente el camino que debo seguir.

-Resucitar de ésto va a resultar difícil- pensó en un chorrero de ideas que le llegaron a la cabeza como si anunciaran su caída. entonces la corniza debajo de sus pies contrastó con su alma, que este momento era indescifrable. temió mucho despegarse, pero pronto descubrió que al otro lado encontraría lo que de verdad siempre lo había entusiasmado. lo desconocido.
Hasta pronto susurró, entonces cerró esos cansados ojos, y sin pensarlo se lanzó al vacío.

...Cuenta la historia, que ya no hay historia.


César Brausin Valles

lunes, 31 de enero de 2011

Intentaría.


Sin dudarlo lo intentaría de nuevo...Intentaría esas miradas cómplices, bajo esas miradas tan etílicas...Intentaría descifrar aquel golpe bajo la mesa y esas amenazas burdas,Intentaría hacer que me detestaras...
Porqué disfruto ese placer de intentar dejar mi imagen desgraciada en tu mente de tul...
El crimen del amor aún está consumado en tu caraIntenta sacar ese beso de tu mente con muchos más en tu etaria boca.Discutiré con tu corazón roto mañana en la mañana...Intentaré no decirte nada lindo, no por que no lo merezcas...

Sino por que esas palabras saliendo de mi boca sonarían descabelladasSólo lo intentaré de nuevo...
Reaccionaré cuando el encanto esté consumado...
Intentaré hacerlo... pero no contigo!

César Brausin.


Frustración.

Desfiló por la puerta de atrás..

Pasando por los jarrones de barro y baldes que contenían las flores de jardín que doña Leonor había plantado...Carlos sonreía plácidamente mientras Cármen inconsolable empezaba a sollozar,

sobre la cama aún caliente por el retozamiento más salvaje y triste que se halla consumado en la estera seca por el calor y a punto de podrirse por el acumulamiento del sudor de cada noche.

Antes de que él lanzara la granada pestilente que entraría por sus ojos y le rebanaría el corazón a ella.. siempre tan hermosa y leal.. el sueño imaginado de cualquier hombre desolado.

Él lo sabía

Renunció al agotamiento que le producía recordar, entonces corrió por el potrero de detrás de siu casa y salto el alambrado endemoniado corriendo, como si eso reduciera el latido que sonaba como un martilleo en madera seca, que no salía de su mente.

Llegó al pueblo, donde la música de siempre se hacía raramente más melancólica...

Entonces caminando con esa decisión que lo arrojó a cometer lo que derrumbaría ese mundo construído el último año, de risas y besos, entró a la cantina donde desde la entrada el olor a frutas muertas de las putas empezaban a perder su hedor....

Le dolía la cara, como si la fuerza de seis terneros le hubieran pateado la mandíbula no recordaba que mierda le habían hecho -perros desahuciados!!- pensó en voz alta.... al parecer había bebido más de la cuenta.

Girando la cabeza lentamente tal como la jaqueca se lo permitía, miró y se encontró aferrado al suelo por una sustancia más bien amarillenta que le recordaba la maleza seca que su padre quemaba en el patio de la casa, llena de puntitos entre morados y naranjas... que por momento se teñía de un color rojizo intenso, aceptó que era su vómito,pero lo raro era que el rojo no lo reconocía, luego un calambre sordo le atacó la mano... rápidamente la hizo flotar sobre la pestilente sopa de licor que se había rebosado... se llenó de pavor apenas pudo observarla

Tenía un aspecto tan raro como horrorizante... el clásico aspecto de su mano estaba tan alterada qiue le pareció mirar una carnicería... le hacian falta el meñique y el anular y la mitad del dedo con el que insultaba a los turistas cuando lo veían pasar en su caballo... gritó desesperadamente, al intentar huír frustadamente no solo de su atropellada mano, siuno de su imagen y por consiguiente su futuro inútil, trató de moverse rápido, cuando el vientre se le rajó por encima del ombligo y sus piernas emitieron un chirrido tenaz.. levantó la vista entrecortada por que aún no había podido abrir el ojo izquierdo, entendío que estaba en una caballeriza por que deslumbró entre gritos la puerta de un establo...

Pidió una cerveza helada, y la satisfacción del primer sorbo sintió que lo miraban fijamente, así que recostado a la barra giró su cuerpo y trato de interrumpir el contacto visual. al fondo encontró a sus amigos, con una carcajada legó a su encuentro... todos le gritaron como lanzandose a saludarse uno lo abrazo y le preguntó casi al oído "si pudo?"...

Jactándose de lo que había hecho les dijo. "pues, fué hasta dificil, pero ahora estoy libre, la perra se quedó chillando"...

Todos rieron al unísono, menos Miguel, el que nunca hablaba solo para reconfortar a sus amigos y dar una alternativa que al final nadie tomaba en serio, lo miró a los ojos y le dijo "mucho hijueputa"... se levantó de la silla amarilla y se fué rápidamente. No le dió importancia y se sentó a tomarse sus polas por que ahora estaba libre.

"hijueputas suéltenme! qué putas me hicieron!"...

Al otro lado del establo apenas se escuchó un ruido, y el leve movimiento de una sombra... no recordó que había pasado después de que la mujer que se le había sentado en las piernas en el bar lo había llevado al cuartito donde iba cada vez que peleaba con ella. entonces los momentos de plavcer se confundieron con el mareo de la embriaguez, estaba haciendo memoria cuando una fuerza lo aplastó contra el piso, "quieto, porfavor no más" dijo entre toses que ya empezaban a saber a sangre y revelaban el miedo que le corroía por las venas desangradas. Trató de mirar quién era su agresor... pero la luz del cuarto lo encegueció, y sólo pudo ver la mano con un guante que le atropelló fuertemente el tabique.

Estaba encima de la cama llorando desnuda, con la cara hinchada como si un abejorro de los que se amañaban en las flores de la entrada la hubiera picado entre las cejas, cuando el toc toc de la puerta la sorprendió.. "no estamos para atender a nadie, lárguese" gritó... y un "soy yo" la hizo subir aún más las cejas y por entre las endijas de las paredes de madera pudo ver esa piel morenita del chiquitín de camisa azul que solía visitarla a veces, era Miguel. Que llegaba a su consuelo, que como hermano mayor, en cuestión de tiempo pasó a ser amate desbordado, aprovechando la ocasión para cumplir su fantasía mientras ella se resignaba a entregarle sus carnes al amigo de quien le había hecho eso...

Siguió en el suelo. había examinado y llorando entre vómito y sangre sus heridas, la que podía adivinar entre el vómito, su vientre rajado, sus manos derecha desmembrada su boca ensangrentado su ojo entre abierto que dejaba escapar un agua sangre que efectivamente eran lágrimas, esas que no había derramado hacía mucho, quería que su sufrimiento se acabara. así que suplicó quizás a las paredes que lo dejaran ir que el pagaba lo que fuera...

Así estuvo al rededor de 10 minutos que parecieron tan eternos como cuando su madre lo hacía orinar en el ladrillo caliente para que no lo hiciera en la cama, cuando al fin se cayó, encontró a su lado izquierdo un jóven ensangrentado con la camisa que se parecía a la que tenía Carlos cuando lo puteó en el bar, buscó forma al revuelco de sangre que al parecer había sufrido tanto o más cómo él.

-Si quiere saberlo, Sí, Es Carlos....- la voz femenina, tan sutíl le recordó rápidamente los gemidos que quizás esa tarde había disfrutado tanto, le recordó a Carmen, luego pudo reconocer que aquella caballeriza era en donde a veces dejaba su caballo cuando iba a incentivar su pasión a la casa de ella... se volteó con un grito y ligereza como si fuera su último movimiento, Carmen estaba con el pelo recogido con el vestido blanco que le habían tejido para su confirmación que el recordaba bien por que ese día le había su primer beso.

-Prefiero la compañía de la mala conciencia que la frustración de no tenerlo a mi lado- entonces levantó algo que parecía un trueno Miguel gritó, simplemente el machete cayó en su cabeza.

César Brausin Valles.