Desfiló por la puerta de atrás..
Pasando por los jarrones de barro y baldes que contenían las flores de jardín que doña Leonor había plantado...Carlos sonreía plácidamente mientras Cármen inconsolable empezaba a sollozar,
sobre la cama aún caliente por el retozamiento más salvaje y triste que se halla consumado en la estera seca por el calor y a punto de podrirse por el acumulamiento del sudor de cada noche.
Antes de que él lanzara la granada pestilente que entraría por sus ojos y le rebanaría el corazón a ella.. siempre tan hermosa y leal.. el sueño imaginado de cualquier hombre desolado.
Él lo sabía
Renunció al agotamiento que le producía recordar, entonces corrió por el potrero de detrás de siu casa y salto el alambrado endemoniado corriendo, como si eso reduciera el latido que sonaba como un martilleo en madera seca, que no salía de su mente.
Llegó al pueblo, donde la música de siempre se hacía raramente más melancólica...
Entonces caminando con esa decisión que lo arrojó a cometer lo que derrumbaría ese mundo construído el último año, de risas y besos, entró a la cantina donde desde la entrada el olor a frutas muertas de las putas empezaban a perder su hedor....
Le dolía la cara, como si la fuerza de seis terneros le hubieran pateado la mandíbula no recordaba que mierda le habían hecho -perros desahuciados!!- pensó en voz alta.... al parecer había bebido más de la cuenta.
Girando la cabeza lentamente tal como la jaqueca se lo permitía, miró y se encontró aferrado al suelo por una sustancia más bien amarillenta que le recordaba la maleza seca que su padre quemaba en el patio de la casa, llena de puntitos entre morados y naranjas... que por momento se teñía de un color rojizo intenso, aceptó que era su vómito,pero lo raro era que el rojo no lo reconocía, luego un calambre sordo le atacó la mano... rápidamente la hizo flotar sobre la pestilente sopa de licor que se había rebosado... se llenó de pavor apenas pudo observarla
Tenía un aspecto tan raro como horrorizante... el clásico aspecto de su mano estaba tan alterada qiue le pareció mirar una carnicería... le hacian falta el meñique y el anular y la mitad del dedo con el que insultaba a los turistas cuando lo veían pasar en su caballo... gritó desesperadamente, al intentar huír frustadamente no solo de su atropellada mano, siuno de su imagen y por consiguiente su futuro inútil, trató de moverse rápido, cuando el vientre se le rajó por encima del ombligo y sus piernas emitieron un chirrido tenaz.. levantó la vista entrecortada por que aún no había podido abrir el ojo izquierdo, entendío que estaba en una caballeriza por que deslumbró entre gritos la puerta de un establo...
Pidió una cerveza helada, y la satisfacción del primer sorbo sintió que lo miraban fijamente, así que recostado a la barra giró su cuerpo y trato de interrumpir el contacto visual. al fondo encontró a sus amigos, con una carcajada legó a su encuentro... todos le gritaron como lanzandose a saludarse uno lo abrazo y le preguntó casi al oído "si pudo?"...
Jactándose de lo que había hecho les dijo. "pues, fué hasta dificil, pero ahora estoy libre, la perra se quedó chillando"...
Todos rieron al unísono, menos Miguel, el que nunca hablaba solo para reconfortar a sus amigos y dar una alternativa que al final nadie tomaba en serio, lo miró a los ojos y le dijo "mucho hijueputa"... se levantó de la silla amarilla y se fué rápidamente. No le dió importancia y se sentó a tomarse sus polas por que ahora estaba libre.
"hijueputas suéltenme! qué putas me hicieron!"...
Al otro lado del establo apenas se escuchó un ruido, y el leve movimiento de una sombra... no recordó que había pasado después de que la mujer que se le había sentado en las piernas en el bar lo había llevado al cuartito donde iba cada vez que peleaba con ella. entonces los momentos de plavcer se confundieron con el mareo de la embriaguez, estaba haciendo memoria cuando una fuerza lo aplastó contra el piso, "quieto, porfavor no más" dijo entre toses que ya empezaban a saber a sangre y revelaban el miedo que le corroía por las venas desangradas. Trató de mirar quién era su agresor... pero la luz del cuarto lo encegueció, y sólo pudo ver la mano con un guante que le atropelló fuertemente el tabique.
Estaba encima de la cama llorando desnuda, con la cara hinchada como si un abejorro de los que se amañaban en las flores de la entrada la hubiera picado entre las cejas, cuando el toc toc de la puerta la sorprendió.. "no estamos para atender a nadie, lárguese" gritó... y un "soy yo" la hizo subir aún más las cejas y por entre las endijas de las paredes de madera pudo ver esa piel morenita del chiquitín de camisa azul que solía visitarla a veces, era Miguel. Que llegaba a su consuelo, que como hermano mayor, en cuestión de tiempo pasó a ser amate desbordado, aprovechando la ocasión para cumplir su fantasía mientras ella se resignaba a entregarle sus carnes al amigo de quien le había hecho eso...
Siguió en el suelo. había examinado y llorando entre vómito y sangre sus heridas, la que podía adivinar entre el vómito, su vientre rajado, sus manos derecha desmembrada su boca ensangrentado su ojo entre abierto que dejaba escapar un agua sangre que efectivamente eran lágrimas, esas que no había derramado hacía mucho, quería que su sufrimiento se acabara. así que suplicó quizás a las paredes que lo dejaran ir que el pagaba lo que fuera...
Así estuvo al rededor de 10 minutos que parecieron tan eternos como cuando su madre lo hacía orinar en el ladrillo caliente para que no lo hiciera en la cama, cuando al fin se cayó, encontró a su lado izquierdo un jóven ensangrentado con la camisa que se parecía a la que tenía Carlos cuando lo puteó en el bar, buscó forma al revuelco de sangre que al parecer había sufrido tanto o más cómo él.
-Si quiere saberlo, Sí, Es Carlos....- la voz femenina, tan sutíl le recordó rápidamente los gemidos que quizás esa tarde había disfrutado tanto, le recordó a Carmen, luego pudo reconocer que aquella caballeriza era en donde a veces dejaba su caballo cuando iba a incentivar su pasión a la casa de ella... se volteó con un grito y ligereza como si fuera su último movimiento, Carmen estaba con el pelo recogido con el vestido blanco que le habían tejido para su confirmación que el recordaba bien por que ese día le había su primer beso.
-Prefiero la compañía de la mala conciencia que la frustración de no tenerlo a mi lado- entonces levantó algo que parecía un trueno Miguel gritó, simplemente el machete cayó en su cabeza.
César Brausin Valles.
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