De nuevo sus ideas se funden con el papel, y la utopía se vuelve una realidad, al menos contada.
Desquebrajado. siguió teniendo la aspiración de resucitar en el próximo beso. Siquiera para que la condición de alma solitaria no se manifestara en por lo menos un momento, que por qué no, podría ser eterno. Entonces el recuerdo vino al encuentro y en pocos momentos una leve sonrisita le dejó ver los dientes.
Ojalá la poesía del alma se materializara de manera más fácil
Estaba cansado de hacerlo a punta de crímenes
Además que la costumbre de lavarse las manos ensangrentadas
Ya no pegaba tan duro y la sangre ya no combinaba con su abominable don.
Entonces, como un verdugo siniestro
redefinió su táctica e implacablemente maquinó
el título más macabro con que alguien podría infringir daño.
Se dedicaría de ahora en adelan te a enamorar.
No a ser un charlatán, ni mucho menos un amante clandestino
Utilizaría su fantástica convicción, enfrascada en la viscosidad de adentro de sus párpados
Que más parecían abismos.
Con el peso en la espalda de su conciencia remordida, se dedicó mucho tiempo para él y sus alocadas y a veces acaloradas conjeturas. se dedicó a hundirse en el recojimiento de sus principios. de hallar en el fondo de su memoria, esas alentadoras palabras que su madre emanaba para siempre dibujar en su rostro una irresponsable satisfacción.
Caray si funciona!.... después de tiempo su alma se volvió tan incorruptible e impermeable, que la confianza que inspiraba su presencia fluyó en cada una de las auras de las personas que conoció. cada encuentro se tornaba cada vez más agradable. sus acompañantes se sentían tan plácidos que desbarataban e inventaban planes para conseguir que él simplemente se quedara.
Nadie sospecharía. conseguiría saciar esa sed de venganza, pero una venganza tan perfecta de esas que apasionan y que llenan de vitalidad. Estaba empezando a forjar una serie de acontecimientos que lo llenarían de orgullo y que recordaría justo antes de la sentencia que el juzgado civil no 34 le otorgaría.
César Brausin Valles
(Ésta es apenas la primera entrega de, ojalá muchas)