domingo, 27 de enero de 2013

3 pm. (Morfina II)


Jodidamente coincidencial, el tiempo, ese amuleto sagrado, ahora ya estaba tan medido que le hubiera sido fácil desarmar los intensos planes si desperdiciaba aunque sea un segundo en el agradable almíbar de la pereza, decidió que la cortina que protegía su retina ya no era tan pesada, que debía despertar. 

-....Cerebro, cada vez más pútrido- alcanzó a mencionar antes que su pie izquierdo tocara la alfombra.
de esas pesadillas mortales había escapado en la madrugada, pero hoy su alma se sentía hinchada.
al dar el segundo paso y levantarse, un nauseabundo pero conocido sentimiento lo aturdió. se sacudió y se le pasó la maricada.
Caucho y microfibra, tela de jean desgastado y sucio de 4 días. Seis hojales. cuatro bolsillos, dos con sus vicios.-al menos uno era sano. Correa, debajo, el propósito del día. Camiseta rota. amarrarse unos desvencijados y poco atrayentes cordones. había comprado esos después de que le quitaron los rojos en un sitio peor al que se levantaba. bolsillo, hermética, la llave que va a las ñatas, un azote lleno de ira en el cachete, prisa, correr.

En el camino, el vacio de sus pensamientos se justificó en las miradas superficiales de la gente. aún no reaccionaba. aún no se vengaba. había corrido quizás 600 metros, cuándo un estornudo terminó en  un líquido espeso, que rápidamente se convirtió en hemorragia. su cuerpo se limpiaba mientras que su conciencia se percudía. 

-Cuántas veces hemos recurrido a esa parte del brazo justo antes de la mano, ahh, antebrazo, para deshacernos  de infecciones y bacterias que nos atacan?...- decía esa presentadora de ese patético programa, pensó después de manchar el antebrazo... lo pasó brusco, y así su cara estubo presentable... quizás si sus suegros fueran carniceros.

Allá estaba, ella, lo curioso era que estaba dentro del camino y no fuera de la ruta como lo había previsto, pero al fin, la veía, radiante. luciendo su acostumbrada facha de altanera felicidad. de libertad consumada en las cenizas de sus amantes y luego oponentes. con esa sonrisa, la que hubiese querido como guardar imagen en un monóculo. como para contemplar la trampa con que lo habían cazado, pero que ahora apreciaba con desidia.

Notó que esa descarada carencia de alma en aquella. ahora no le significaba nada. que había esperado ese momento desde mucho antes de lidiar con los demonios, que como en una academia, lo habían adiestrado y hecho un hombre. si hombre es el apelativo para aquel al que el acero de sus venas cubre sus actos.

No pensó, para darse fuerzas recordó. como lanza, pegó el pique y peló el fierro que traía en la correa. se paró justo en el punto en que el nervio óptico puede alinearse con ese destellante iris.
Eran las tres de la tarde. pero para él quizá el tiempo se detubo, quizás para siempre.
Eran las tres de la tarde cuando el remington estalló.
Eran las tres de la tarde cuándo el disparo al viento y la mirada de ella se esfumó.
Eran las tres de la tarde cuándo asesinó su recuerdo. 

César Brausin Valles