sábado, 6 de marzo de 2010

Mañana

El sueño nunca se hizo más frágil... despertó, y un leve viento llenó su tímpano de delicioso ruido al parecer de color blanco, necesitó más fuerzas de las acostumbradas para levantar los pies y aún más para caminar...
Necesitaba un cigarrillo...
-este bus está muy lleno- pensó, al cruzar el umbral de la puerta de metal que lo separaba de la inefable realidad, estaba la sombría y siempre gris calle... el asfalto muchas veces brillante que sabía explotar bocas como nadie... muchas veces lo había confirmado...
Predecía un viaje de austeridad, acompañado de esas cosquillas muchas veces carcomedoras de entrañas que se fijaban en su vientre... pero no había de que preocuparse.. lo haría feliz...
Sacó de su maleta una caja más bien tibia, de colores elegantes y con muchos palitos de cáncer( cómo los llamaría María Buelvas.. las costeña más admirable que conozco), lo ensartó en sus dedos, y con una chispa de fuego, aquella que podría incendiar y provocar el caos en el momento menos indicado, ahora era invocada para acallar un síntoma de estrés frío o tal vez inseguridad... caminó hacia donde muchas veces había estado ebrio, pero esta vez tenia que estudiar...
Su cabeza estaba a punto de estallar, tal vez se sentía culpable por que su mamá no se despidió hoy de él.. no se quitaba de la mente ese rostro que no paraba de llorar frente al espejo que estaba al lado de su cama... no paró muchas bolas y salió ligero...
Nadie apareció por la primera hora al llamado de la academia... así que decidió entrar solo a clase, el dolor se hacía más fuerte y se puso más agudo cuando vio que sus compañeros, corriendo por llegar temprano murmuraban mil cosas en voz de lombriz... esa que a veces es mejor no entender...
Y ese extraño presentimiento se hizo más latente, pues nadie se percató al parecer de su presencia.

Entonces decidió no perder más el tiempo y salir de ese frío y desagradecido salón que ese día estaba muy lújubre por supuesto...se le hizo extraño y se fue.
Su dolor en la cabeza esta vez se hizo insoportable, así que resolvió tomarse el infaltable jugo de mora de su lonchera mañanera que horas antes había preparado con afán...
No lo calmó.. regresó a casa sin mayor inconveniente... al entrar la llave por esa cerradura, se encegueció por los nervios que lo habían atacado drásticamente, como si algo inevitable fuera a pasar... su madre no estaba por hay...
Pero si había algo que irremediablemente le llamaría en exceso la atención...
Un cuerpo, como de un jóven de 18 años, como los que montan en bus, fuman cigarrillos en empaques elegantes, y beben jugo de mora a media mañana, frío como el hielo del wiskey que tal vez no estaba acostumbrado a tomar...
Un orificio al parecer de bala desfiguraba su rostro y confundía sus rasgos, una lágrima se le salio y comprendió... El dolor de cabeza se hizo más suave y cada vez más suave...

César Camilo Brausin Valles

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